“Dentro de mi botella vacía estaba construyendo un faro mientras todos los demás hacían barcos».
Charles Simic.
Sobre liderazgo se habla mucho, se enseña, se discute… y los jefes seguimos teniendo mala fama, hagamos lo que hagamos. Criticar al jefe es deporte nacional e internacional.
Lo cierto es que ser jefe es como ser padre. Salvando todas las distancias, por supuesto.
Vas aprendiendo sobre la marcha. Tienes nociones, consejos, buenas prácticas que has visto en otros (padres y jefes), que has leído… Mira que leemos, eh? Libros sobre liderazgo, sobre paternidad, revistas, foros, seguimos a gurús, leemos artículos…pero no hay un manual de instrucciones que se pueda aplicar.
Cada uno, jefe o padre, hace lo que puede, como puede. Con la mejor de las intenciones.
Y aún así no funciona a la perfección. Siempre hay quejas. Y volvemos a intentar nuevas ideas, técnicas, aplicamos consejos. Y vamos avanzando. Prueba, error.
Fijaos. Si teniendo dos hijos, vemos que cada uno es distinto. Los educamos igual y al final uno estudia más, y al otro hay que perseguirle para que se siente al escritorio. Uno come de todo, y el otro es “asquito” a cualquier cosa, uno es tímido y no sale de su cuarto, y el otro no entra por casa… ¿qué ocurre? Pues lo mismo que con nuestros equipos: que son personas, no máquinas. Que no funcionan todas igual. Que cada una tiene su propio combustible y engranajes que les hace funcionar. No podemos ser técnicos de todas y cada una de las maquinarias que existen, así que a partir de unas nociones generales, vamos haciendo que funcionen lo mejor posible. Es decir, cada persona es un mundo como se suele decir. Unos necesitarán de un jefe “faro” que les vaya guiando en líneas generales, que ya se encargarán ellos de elegir embarcación, tripulación, etc. Y otros necesitan que el jefe vaya en el propio barco, y que vaya dirigiendo a los remeros continuamente para no perder el rumbo.
En definitiva: Ni siquiera un jefe puede ceñirse a un estilo de liderazgo, sino que éste dependerá de sus equipos, de sus necesidades e ir adaptándose a ellos.
Así que, queridos jefes, queridos padres, huid de los manuales de instrucciones y de las fórmulas mágicas porque no existen. Tomad, en cambio, nociones generales y vayan corrigiendo el rumbo, navegantes.
Y así seguimos, aprendiendo sobre la marcha.
Aunque ahora podemos buscar el apoyo de un coach y trabajar estos aspectos dentro de tu propio contexto, circunstancias y habilidades.


